lunes, 21 de febrero de 2011

La verdad y la mentira detrás de una foto icónica: El niño y el buitre de Kevin Carter


A veces los fotógrafos nos dejamos seducir por la vanidad. Seguramente algo así pudo haberle pasado a Kevin Carter cuando, luego de que en 1993 el New York Times publicara su foto tomada en Sudán de una niña siendo acechada por un buitre, ésta ganara el codiciado premio Pulitzer. Carter, en vez de bajar inmediatamente la imagen a la realidad de esa niña y de su entorno, contando cómo y en qué circunstancias la había realizado, permitió que la carga simbólica de esa imagen justificara el premio. Al pasar el tiempo la presión de la opinión pública mundial fue enorme. El siguió en silencio sobre la verdad y prefirió justificarse en la mentira diciendo: "Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña". La gente interpretaba la actitud de Carter ante la inminente muerte de la niña, como la representación de la indiferencia del mundo hacia esa y todas las hambrunas. Y Carter en vez de apagar el fuego con agua, lo alimentó con combustible. Se lo llegó a calificar como el segundo buitre en la foto. La versión alternativa, la que en definitiva parece más real, la cuenta el reportero gráfico sudafricano João Silva que viajó con Carter a Sudán. Lo cierto es que ellos fueron en un avión que estaba repartiendo alimentos a pueblos en esa región. El vuelo de Naciones Unidas además de comida llevó a los periodistas y sólo estuvieron algo más de media hora en el lugar, lo que duró la distribución. Silva dice que Kevin "estaba bastante sorprendido, puesto que era la primera vez que veía una situación real de hambruna, por lo que hizo muchas fotos de niños hambrientos." João Silva comenzó también a tomar fotografías de niños en el suelo, como llorando, que no se publicaron. Los padres de los niños estaban ocupados recibiendo la comida, por lo que se habían desentendido de momento de los niños, que algunos habían sido dejados por los adultos en el estercolero del pueblo para que hicieran sus necesidades, lugar donde los buitres concurrían a diario a comer la materia fecal. Esta era la situación de la niña (que ahora se sabe, era un niño) de la foto hecha por Carter. "Un buitre se posó detrás", cuenta Silva "para meterlos a ambos en cuadro, Carter se acercó muy despacio para no asustar al buitre, e hizo la foto desde unos 10 metros. Hizo algunas tomas más y el buitre se fue." Para lograr la aparente cercanía el fotógrafo usó un lente teleobjetivo, que altera la perspectiva.

Lejos de esta verdad no dicha en su momento, la gente y muchos periodistas prefirieron completar la historia dramática que Carter había fomentado adjudicándole la causa de su suicidio -acontecido pocos meses después- a la foto en cuestión. En un mundo en blanco y negro todo cerraba perfectamente. No tomaron en cuenta que antes de la famosa foto Carter había hecho otros intentos de auto eliminación. Que su mejor amigo había muerto poco tiempo antes. Que la vida del free-lance nunca fue fácil y menos si se tienen gustos caros como consumir drogas. Ahora un equipo del diario El Mundo investigó, 18 años después de la famosa foto, -alabanza del buen periodismo- y logró desentrañar la verdadera historia. Descubrió que el niño se llamaba Kong Nyong y murió hace cuatro años. Curioso asunto la ceguera, sobre todo en el oficio periodístico. El niño tiene en la foto una pulsera blanca. Esa pulsera es la identificación que el fondo para la alimentación de Naciones Unidas le había colocado para su registro. Eso implicaba que ese pueblo y en consecuencia ese niño estaban siendo asistidos por el organismo internacional. En el video una amiga de Carter dice algo que de tan obvio, lastima: "esa foto probablemente salvó mas vidas que cualquier campaña contra el hambre". A su vez un reportero gráfico español dice que el papel del fotógrafo es documentar, no el de interferir en el rol de los cooperantes que al mismo tiempo están haciendo su propio trabajo. La pulsera siempre estuvo ahí. Sólo había que ampliar la foto, mirar los números de registro y saber la localización exacta del niño. Pero como en un acto de magia, el colectivo social y los periodistas como parte del mismo, solo vieron lo que quisieron ver, hasta que el diario El Mundo hizo lo que se debía.

lunes, 14 de febrero de 2011

Premio en World Press Photo: ¿Fotoperiodismo o arte conceptual?


Hace unas semanas empecé a escribir un post que hoy me suena a premonición. Lo iniciaba así:

World Press Photo premió imagen capturada de video de seguridad

La noticia es mentira. ¿Pero cuánto falta para que sea cierto? La fotografía y todo el campo audiovisual están sufriendo una revolución que conmueve hasta el marco ético que la profesión mantenía hasta ahora.


La idea era plantear la discusión que tantos otros fotógrafos y editores han fomentado en los últimos tiempos, sobre las incertidumbres y posibles consecuencias de la revolución digital. El centro de ese post quedará para mas adelante porque como siempre, parte del resultado del concurso anual World Press Photo da para discutir y cuestionar. Y tal vez para intuir tendencias sobre la profesión de los fotoperiodistas. Lo que me remitió a mi texto interrumpido es la Mención de Honor en la sección de Temas Contemporáneos: 12 imágenes presentadas (y ya veremos porqué el verbo se justifica) por el fotógrafo alemán Michael Wolf que resultan ser capturas de Google Street View. Wolf se inició en el fotoperiodismo trabajando en Asia para la revista Stern, pero desde sus inicios siempre estuvo atraído por la arquitectura de las ciudades y su interacción con la gente, obligándolo a llevar su trabajo mas allá de lo meramente documental. En los primeros años del nuevo siglo elaboró su primera instalación conceptual: The real toy story , una obra de 45 metros cuadrados y 16.000 juguetes. Su exploración de la enajenación provocada por los objetos de consumo y la vida en las ciudades lo llevó a los techos de Chicago para repetir el sentido dado a su trabajo sobre la arquitectura de las ciudades asiáticas. Pero allí comenzó a ver las personas dentro de los edificios y a preocuparse más por la gente que por los vidriados rascacielos. Y gracias a esa inspiración comenzó a usar como fuente de imágenes a ese Gran Hermano en que se trasformó GoogleStreetView, donde Wolf buscó
"accidentes" de la vida cotidiana. O sea un artista conceptual usando la fotografía como herramienta creativa. Y el resultado de su trabajo él consideró y los jueces de World Press Photo lo avalaron, como fotoperiodismo. Las preguntas son múltiples pero la primera y obvia es la que hace el British Journal of Photography ¿GoogleStreetView es fotoperiodismo? Y las otras son interrogantes que refieren a la actual o futura propiedad de nuestras imágenes: ¿A quién pertenecen? Porque Google tiene sus técnicos que recorren las calles del mundo sacando esas fotos con cámaras de 360 grados. Se podrá decir que ellos o los editores que procesan las imágenes no notan esos accidentes y si los notan no son capaces de ver que todos pueden ser agrupados en un concepto como lo hizo Wolf. ¿Y entonces, si además el artista tuvo empleados buscando las fotos y fueron ellos los que las encontraron, ese forzado ejercicio creativo no los hace dueños de las imágenes, dejando a Wolf sólo con la idea? Si. Solo tengo preguntas. Pero todas ellas podrían ser aplicadas al título mentiroso que había creado para llamar la atención. Unos pocos días después de hacerlo, nada menos que la mayor vidriera de fotoperiodismo del mundo, en cierto modo me dice que no estoy tan lejos de la verdad. ¿Después de todo Google Street View no es un sistema de vigilancia?


domingo, 13 de febrero de 2011

Premio en World Press Photo: ¿Fotoperiodismo o arte conceptual? II - Metiéndonos en tema.

La foto de arriba es una captura de lo hecho en 2009 por el artista plástico Jon Rafman, la de abajo es una captura de parte del trabajo presentado en 2011 a WPP por Michael Wolf.

Cuanto más busco (o me ayudan a buscar) más sorprendente me parece la decisión de World Press Photo. Resulta que, según cuenta Michael Wolf en ésta entrevista en 2009 empezó a trabajar con GoogleStreetView porque, viviendo en París la ciudad lo aburría, no encontraba motivación que le permitiera hacer fotos ya que todo le parecía un cliché y esta herramienta lo incentivó a hacer cosas nuevas. En esa época al subir su imágenes a su web varios amigos le comentaron que otros dos artistas, Jon Rafman y Doug Rickard, cada uno por su lado estaban haciendo lo mismo. El responde que desde el primer momento su trabajo fue diferente. Es interesante ver la página de Jon Rafman (se puede leer una buena entrevista al hacer click en la cámara de GSV) donde, entre las más de 200 imágenes con fecha del 2009 hay fotos no sólo parecidas sino que algunas son las mismas presentadas por Wolf con otro encuadre, un año más tarde.También pueden ver su trabajo en su libro en pdf "Sixteen Google Street Views". María José Zubillaga en una nota que al mismo tiempo que estos posts, subió a la página del Fotoclub Uruguayo, cuenta que el artista plástico alemán presentó el mismo trabajo en varias categorias de World Press Photo, lo que me da a entender que, si tengo que llamarlo "obra conceptual" él mismo no tenía delineado en el momento de subirlo, un concepto muy definido de en donde encuadraba su obra.

Gracias a Cursos Paralelos y Majo Zubillaga

sábado, 18 de diciembre de 2010

Las fotos del año según la revista Life, ahora con la versión para Ipad...

www.life.com

La mentira en la red: fotografías "inéditas" de Pearl Harbor


Hace unos días, una amiga con la mejor voluntad de colaborar con el blog me mandó un link sobre una cámara Kodak Brownie cargada, supuestamente encontrada en un armario, que luego de revelar su película se había descubierto que tenía fotos tomadas durante el ataque a Pearl Harbor por un marinero del barco USS Quapaw ATF-110. Hasta ahí todo creíble, incluso la información sobre los más de 3000 muertos y heridos es cierta. Lo que no es cierto es que la imágenes pertenezcan a esa cámara y ni siquiera a la misma cámara. Porque por ejemplo hay fotos aéreas mezcladas con fotos de lugares que en el medio de la confusión del ataque eran totalmente inaccesibles unos de otros. Muchas de esas fotos son idénticas a las que pueden encontrar en los National Archives de los Estados Unidos. Para colmo el barco en el que el supuesto marinero trabajaba, estaba en cosntrucción en la fecha del ataque. Buenos análisis sobre esta mentira en particular la pueden encontrar en www.urbanlegends.about.com o en www.snopes.com , y la noticia tal cual está circulando la encuentran en www.taringa.net .Los fotógrafos sabemos que el heroísmo y la anécdota entorno a nuestro trabajo rinde más a veces que la simple realidad. De hecho durante años repetimos la mentira vinculada a "muerte de un miliciano" de Capa y sigo escuchando amigos que quieren ignorar las evidencias que comprueban el engaño.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Las fotos de tapa: Cuando elegir es imposible


A veces a los editores se nos hace muy difícil elegir la mejor imagen para la tapa del diario en el que trabajamos. A veces se debe a exceso de oferta, porque tenemos varias notas con buenas fotos. Otras porque no pasa nada en el mundo que merezca ser portada, o porque nuestra mejor foto no corresponde necesariamente a la importancia informativa del material. Y otras como en las tapas que reproducimos aquí, porque la foto es tan impresionante y simbólica que en Argentina, Uruguay o Chile se podría haber publicado en las tapas de los medios locales sin ningún título, que hubiera tenido el mismo efecto. O mejor. La particularidad es que es exactamente la misma foto, porque fue tomada por la Secretaría de Prensa de la Presidencia argentina. En el lugar que el ex presidente Néstor Kirchner fue velado el 28 de octubre de 2010 no se permitió ingresar con cámaras a ningún medio y las imágenes las pusieron ellos a disposición de la prensa.

viernes, 3 de diciembre de 2010

La desnudez de los fotógrafos




Fotos tomadas en Montevideo, París y Barcelona con cámaras "point and shot" Canon A650, G10 y G11.


En el último editorial de ZoneZero, Pedro Mayer da por sentado que, a pesar de lo accesible que se ha convertido la compra de cámaras fotográficas automáticas y la toma de fotografías, esto no convierte a la gente en fotógrafos, y hasta ahí estoy de acuerdo.
Pero él va mas lejos y adjudica esa condición a que la gente no ha sido "alfabetizada" visulamente y por lo tanto las imágenes que genera no pueden competir con las de un profesional. En realidad esto no es del todo cierto. Cualquier muchacho que hoy tenga 20 años recibió cuatro o cinco veces más información en imágenes de la que Mayer o yo recibimos en igual período de nuestras vidas. Y si bien eso no es educación visual formal el sentido de la composición, que en su esencia se basa en el análisis de las estructuras que en la naturaleza nos quedan visualmente cómodas -después de todo lo áureo nos rodea- puede ser aprendido sin maestros.
¿Entonces, para la fotografía esta "diarrea de imágenes" como califica Jimmy Fox a la situación actual es buena o mala?
No es bueno que la cantidad de fotos a las que podemos acceder se haya multiplicado de miles a millones porque creo que, lo que no es exponencial es el aumento de fotos que realmente valga la pena mirar, y en ese inmenso mar lo bueno queda perdido o por lo menos difuso. Y no es cierto que el interés colectivo por sacar fotos implica que también haya aumentado exponencialmente la percepción o la valoración de lo que es bueno y lo que no. Tampoco veo con buenos ojos esto de que haya cientos de sitios con fotografías de uso libre porque directamente nos quita trabajo. Lo que si es bueno es que, antes de lo digital los fotógrafos nos arrogábamos esa condición porque, teniendo o no cualidades manejábamos la técnica: ese enrredo de fotómetro-diafragama-asa-velocidad-películas-revelado-copiado, y muchos no merecíamos el título. En la era del laboratorio tuve alumnos en ORT que eran grandes artesanos y, sin demasiadas explicaciones lograban copias aceptables en forma rápida, pero eran espantosos para entender qué era una buena imagen y qué no. Mientras otros que demostraban talento innato para la toma de fotos se desestimulaban por la falta de manualidad artesanal que requería el laboratorio. Hoy los profesionales estamos expuestos, totalmente desnudos porque esa barrera se terminó y lo único que nos queda para ofrecer es nuestro ojo. Y la gente que vive en hogares donde, entre las cámaras y los celulares seguramente hay cuatro o cinco formas de obtener imágenes, sabe que una buena foto puede ser solo una casualidad, porque a sus propios niños les sucede, y nos piden, nos exigen, que tengamos nuestra propia historia de buenas imágenes en reiteración real, para considerarnos buenos profesionales.